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La Era de la Red Social I – El Homo Incognitibus y sus avatares

11 febrero 2010
Internet es una ventana al mundo. Una ventana grande, discreta e indiscreta, que nos permite ver y ser vistos sin cansarnos mucho, sólo lo que queremos o creemos. Como en la película Avatar, podemos crear un personaje con algunas de nuestras características que nos representa ante nuestos contactos virtuales, aquellos a los que sólo conocemos a través de las redes sociales. Podemos elegir si somos hombre o mujer, joven o viejo, románticos, filósofos o salidos; creamos una personalidad, un bagaje, unos avatares que hemos de defender a lo largo de nuestras relaciones virtuales.


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Ésto nos lleva a tener que desconfiar, por defecto, de cualquiera a quien no conocemos en el mundo físico. Hay un ejército de impostores que, en el mejor de los casos, nos ofrecen una realidad no real. En el peor, el anonimato y la deslocalización propician una serie de delitos contra nuestra dignidad, nuestra propiedad o cualquiera de nuestros derechos.

Pero este incógnito que nos facilita el poder comunicarnos desde detrás de un cristal también facilita que nos abramos como no solemos hacer habitualmente. El tener más tiempo para pensar lo que queremos decir, el no esperar una respuesta física inmediata a nuestros pensamientos, el poder pensar qué queremos ofrecer, nos da la oportunidad de crear un personaje más real que nosotros mismos. Es un personaje más libre, menos influenciado por los acontecimientos, y más cerca de nuestro corazón y de nuestro cerebro que el que solemos mostrar. Si somos sinceros, en este personaje vamos poniendo aquello que más nos gusta de nosotros, aquello que queremos ofrecer a los demás. Este personaje puede ser nuestra esencia, la imagen que tenemos nosotros de nosotros, el Yo más puro, el Yo desnudo, el Yo ante el espejo.

El reto más difícil es acercar este personaje a nuestra realidad mundana. En el caso del usurpador es imposible, porque el personaje es una quimera y, como tal, no existe más que en el sueño. En el otro caso, el del Yo desnudo, el personaje es parte de nosotros. Mejor dicho, somos parte de nuestro personaje. Sólo hemos de acercarnos a esta imagen nuestra de nosotros. Aquellos que nos estiman por las cualidades del personaje terminarán encontrando éstas en nosotros, porque nos son inmanentes. Como en la película, al final, convergemos en nuestros Avatares.

Así, paradójicamente, gracias al incógnito descubrimos a personas maravillosas que no encontraríamos de otra manera, y encontramos cualidades maravillosas en aquellos que, de otra manera, formarían parte de nuestro mundo de forma anodina.

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From → Pensamiento

One Comment
  1. Internet está bien para empezar a conocerse pero cuando te quitas ese avatar que dices y te enfrentas a la mirada de la otra persona en directo, la cosa cambia…la protección que nuestro avatar nos daba no está y nos sentimos desnudos e indefensos, lo que nos cohibe a la hora de hablar o expresarnos. Creo que es demasiado fácil hablar sin mirarse a los ojos…

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