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DELL – Esperemos que no falle

Me la han vuelto a jugar los de Dell. He comprado dos módulos de memoria, marca DELL, para un ordenador DELL Vostro. Uno de los módulos viene dañado. Desde su web, anoto una incidencia, y un mensaje automático me dice que se pondrán en contacto conmigo en 24 horas. A las pocas horas, otro mensaje me comunica que lo tengo que hablar con el Servicio Técnico. Después de llamar en numerosas ocasiones, y agotar todas las opciones posibles del menú con el que me recibe una máquina consigo, engañando a la máquina diciéndo que quiero comprar un nuevo equipo, hablar con el Servicio Técnico que, despueś de una serie de pruebas, afirman que el módulo está dañado, y que me lo van a cambiar, PERO QUE ELLOS NO PUEDEN POR SER MARCA DELL, que si fuera otra marca me lo cambia directamente, y que debo hablar con el Servicio de Atención al Cliente.

Vuelta a hablar con la maquinita, nuevo correo y, al fin, consigo hablar, de nuevo engañándo a la máquina, con alguien de Atención al Cliente que me indica que ella no puede hacer nada, que tienen que ser los del Servicio Técnico. Vuelvo a contar la película, y me dice que sí, que está confirmado, y que recibiré el envío en los próximos cuatro días.
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Capítulo 5 – El eslabón perdido

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Una vez reparado el aire acondicionado, las guardias no se hacían demasiado pesadas. En Agosto apenas había llamadas, y te podías dedicar tranquilamente a las cosas realmente importantes en nuestro gremio: leer el periódico, planear el finde con tus cuñados, ver en un portal que a lady gaga se le ha salido una teta en una fiesta o, incluso, adelantar algo de trabajo. Ese día le tocaba a Migue.

Hola
¿Hola? ¿Es Diseñínnnnnn? Más de uno lo decía con guasa.
Migue hablaba con estilo telegráfico, como si Movistar cobrase por palabras.
Pero … ¿Es Diseñínn?
Sí ¿Qué desea?– Si le dijeras que acababas de atropellar a su perro no variaría el tono ni un ápice. Había robots con más riqueza tonal que Migue.
Estoooo, verá, …, es que me ha salido un mensaje de error muy raro, como en inglés
Estaría en inglés ¿Qué decía el mensaje?
Ah, no sé, lo he borrado, como estaba en inglés.
¿Y qué estaba haciendo cuando le salió el mensaje?
No me acuerdo. Voy a empezar de nuevo. Ya estoy apagando. Ahora enciendo el ordenador. Ya falta poco, ya falta poco.
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Capítulo 4 – Ya es primavera en El Corte Inglés

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Ese día teníamos la presentación del proyecto de Loguitos (La Estupenda), presupuesto, etc., a la cual asistiríamos Diseñínn en pleno, y Sandra y Juan (Javier les había puesto el mote de Los Pimpinela) por la parte del cliente. Como quería causar buena impresión, tanto porque llevábamos dos meses sin conseguir ningún cliente nuevo para la empresa, como porque llevaba más de dos meses sin conseguir ninguna clienta para mi empresa particular, decidí levantarme temprano, desayunar tranquilo, ponerme mi mejor traje, etc. La tarde anterior había lavado y planchado una camisa que parecía hecha expresamente para mi última corbata que parecía a su vez hecha expresamente para un traje que aprecía hecho expresamente para mí. Vamos, casi como si fuera a casarme.

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Capítulo 3 – Reunión de creativos

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Diseño e Innovación (Diseñínn) lo formábamos 4 socios: Miguel, fontanero, que hacía las veces de programador; Manolo, un físico en ciernes (le quedaba un año) que era el experto en sistemas; Javier, un estudiante de grado de Historia del Arte, el analista del grupo, y un informático (yo) que hacía de diseñador. Así que todos hacíamos de todo, y ninguno de lo suyo. Cuando captábamos un cliente nuevo, el ‘captador’ se ocupaba de organizar el trabajo y de enlace con el cliente; el resto de las tareas las repartíamos según la aptitudes de cada cual para el proyecto concreto, según un estudiado baremo de capacitación profesional: nos lo jugábamos a los chinos.

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Capítulo 2 – Comprendiendo al personal

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En julio y agosto nos repartíamos el trabajo entre los cuatro socios, de forma que siempre hubiese uno para cubrir las posibles incidencias que pudiesen tener los clientes presentes, y atender a los futuros. Esta semana me tocaba a mí, y estaba resultando tranquila. Por eso, cuando sonó el teléfono casi me asusté.

Diseño e Innovación, buenos días.

El nombre lo habíamos elegido entre los cuatro, una noche de borrachera. Con la misma, lo habíamos registrado desde la blackberry, contratado el dominio, etc. Cuando nos dimos cuenta, a los dos días, de la tontería que habíamos hecho, a alguno de nosotros le dió cosa cambiarlo. Decía que, si había salido así, era porque el destino quería que así fuese, y nos daría suerte: así que se quedó en Diseñínn. La madre que nos parió.

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Capítulo 1 – De cómo no se debe tratar a un cliente

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El ventilador de latón movía la cabeza, negándolo todo. Al final de cada vaivén, un chirrido extraño parecía anunciar que iba a desarmarse. Pero no; seguía incansable con su labor de desordenar las hojas que había en mi mesa, tirándolas por el suelo. Refrescar, no refrescaba, pero hacía compañía. Sentía los pantalones como un incómodo velcro que me sujetaba las piernas a la silla de piel de ikea(1) La crema hidratante del afeitado chorreaba por mis mejillas, y riachuelos de sudor se unían en la punta de mi nariz y en la barbilla para saltar sobre mi camisa, que una vez estuvo planchada, lo prometo, y que se pegaba a mi espalda como un alga. “La madre que parió al tío del aire acondicionado. No se preocupe, que el lunes estoy allí. En el coño de su madre estará, sacándole gatitos”, pienso. No puedo evitarlo, el calor me pone de una mala leche … No veía la hora de irme. A duras penas, aguantaba los ojos abiertos y el equilibrio de la cabeza sobre mi cuello. Miré el reloj. Las once. “Su puta madre”. Di un buche. El agua estaba caliente como perra cortijera. “¿Bebo o le hecho hierbabuena?” Le puse el tapón a la botella y la tiré. “Ya voy a estar en casa ¿Quién va a salir a la calle, con 42º?”

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A veces tengo ganas de gritar (SOMETIMES I FEEL LIKE SCREAMING, Deep Purple)

Hoy estoy tontorrón. Entre otras cosas, dentro de unas horas tocarán en Córdoba Deep Purple, uno de los grupos míticos del rock, en la que puede ser su última gira. 
Ir a este concierto es una de las cosas que todo rockero piensa que debe hacer una vez en la vida. Además, en Córdoba, que tanto me gusta. Y yo, que aunque huela a Loewe soy rockero (pijo) hasta la médula, me voy a quedar con las ganas por falta de quorum.

Y me he sentido solo, muy solo, por esta tontería. Hoy me ha tocado. Hoy necesito que me distraigan, que me saquen y me mimen un poco. Hoy necesito abrazar, y que me abracen, y sentir que el tiempo que me es tan caro pasa por delante sin tocarme.

Mañana, ya veremos.

Lo que abarcan mis brazos

Recientemente, alguien me ha dicho que, para llegar a la meta, tengo que bajar de las nubes, y poner los pies en la tierra. En lo que llevo vivido, no he conseguido culminar ninguna de las metas que me había fijado. Unas, porque fijé cimas allá en las nubes, que no estaban a mi alcance. Otras, porque se torció el camino, no peleé lo suficiente, o que sé yo. El caso es que cuando miro atrás y busco los hitos que marqué, veo que no he cruzado ninguno.

Ahora, que estoy en una situación personal, laboral, afectiva, etc., de cómoda desidia, toca reflexionar y fijarme nuevas metas. Y quizá por eso viene a mi mente la coletilla que tantas veces he oído a lo largo de mi vida, la de bajar de las nubes. Pero, cuando abro los brazos, giro sobre mis pies y miro lo que abarco, no encuentro nada que me motive lo suficiente para hacer el esfuerzo. Hay tantas cosas triviales por hacer, que me aportan tan poco, que cualquier cosa en la que me fije me parece o cuestión baladí, o el caos que hará desaparecer la especie humana, Está todo tan atado, tan ‘todo en su sitio’, … Al menos, hasta donde abarcan mis brazos.

Así que, de momento, mejor me quedo quieto.

Delicioso tormento

Te veo,
y me escondes tu imagen desnuda.
No puedo mirarte.
Te oigo,
y callamos las cosas importantes.
No puedes hablarme.
Te huelo,
y me aparto de ti cuando empiezo a embriagarme.
No tengo tu esencia.
Te beso,
y nuestros labios se buscan y se evitan.
Tu sabor me huye.
Te acaricio,
y mis manos no escapan de la senda marcada.
Mi tacto está acotado.

Delicioso tormento:
Rodearse de manjares exquisitos,
y no querer probarlos.
Avivar mis sentidos,
engañarlos, enojarlos.

Versión de Farewell ballad (vídeo)

Otra versión con la misma camisa que la primera, pero con un decorado más rockero. Ya casi, casi 😀

Versión de Sweet child O’mine (vídeo)

Ambientazo bucólico con el sombrero de segaó. Agrorock

Improvisando sobre AC/DC

Índice de incidencias:
La cámara se vuelca al empezar y graba de lado; se cae el tuner de la mesa, se sale el cable del footswitch, …
Otro vídeo friki para la colección 😀

Nothing else matters

Es domingo, son las doce y pico (las veinticuatro) y me quedan cinco horas para levantarme y empezar una nueva semana. Ésta ha terminado tal como empezó, como terminó la anterior, como va a empezar la siguiente: muchas cosas pendientes y ninguna terminada, muchas cosas que quiero empezar y que no debo hasta que no termine las que ya he empezado. Y sobre todas ellas, la rutina de supervivencia: las cosas que no importan, pero que no puedes dejar de hacer: alimentarte, trabajar, llevar la casa, trabajar, trabajar, …. Las cosas que no te dejan hacer las otras cosas. Cosas, cosas, más cosas.

Rodeándome, el mundo evoluciona: las parejas crían a sus hijos, que cambian y los cambian permanentemente; personas que se conocen, o se descubren nuevamente; nuevos trabajos, nuevas aficiones, nuevos lugares, nuevas relaciones. Nuevas sensaciones, nuevas experiencias.

No me conformo con ver como se transforma todo a mi alrededor, a ser el circuncentro inmóvil sobre el que todo gira. Y no sé si es bueno o peor seguir esta línea vital: mientras más pienso en saltar al próximo círculo,y girar en él, más me pesa la losa de la rutina, y sólo le añado otro kilo más, otra ‘cosa’ para la lista de imposibles, otra ‘cuando termine …’

No soy derrotista ni resignado, ni culpo a nada ni a nadie de este estado. Tampoco espero que venga a sacarme un supremo hacedor, aunque una primitiva o un cupón me echaría una manita. Estoy como he conseguido estar, y estaré como consiga estar. Pero llevo tanto tiempo inmóvil, lastrado por este gran cinturón de pequeños pesos, cada paso que doy me desgasta tanto que apenas puedo recuperarme. Es como un gran collar de cuentas, unas grandes, otras pequeñas, pero todas engarzadas sobre el mismo hilo, unidas entre sí. No puedo soltar algunas de ellas, las más pequeñas y fáciles, sin partir el collar. Y ésto sí que es difícil. A menudo, divago buscando el punto más frágil para romperlo. Pero no lo encuentro: romperlo significa perder muchas cuentas que quiero conservar.

Al final, todo es lastre. Cualquier día me sorprendo y mando a tomar por culo la bicicleta.

Stonehenge

Stonehenge

Miel en mi almohada

Vierto dos gotas de miel dulce sobre mi almohada de raso blanco. Dos piedras de ámbar cálido se funden y me dan su brillo, y un azulejo dorado me presta sus reflejos.

Ya tengo tus ojos.

Miras hacia mí, pero ya no los veo. Me he perdido en tu boca. Espero a que sonrías, y la deseo.

Quiero oler tu cuello, resbalar mis manos por tus hombros, mezclar nuestros alientos. Desnudarte. En vez de eso, alejo el pensamiento con un gesto. Te ríes, y me contento.

El bautizo de Sara

El sábado bautizaron a la hija de una prima, Sara, y lo celebramos en una finca en la Sierra Norte de Sevilla. Un sitio precioso, con su gran piscina, sus cuadras, su arroz, su caldereta, …, no faltó ni un perejil. Aparte de la alegría que me produce ver a mis primas y a mis sobrinos, a los que no trato mucho, el ver a mis sobrinos jugando y el paisaje de dehesa me llevó treinta años atrás, y me ví corriendo con mis primos, cogiendo bichitos.

Cuando chicos, mi padre, después de una larga semana de trabajo, se levantaba muy temprano para llevarnos a mis hermanos, a mis primos y a mí a la Sierra, así, con nombre propio. Ahora, que soy yo el que sufro estos palizones de trabajo, comprendo y valoro más el sacrificio que suponía para él ese madrugón del sábado.

rama de encina

Encina

Para nosotros, urbanitas desde nuestro nacimiento, aquello era una aventura: ver salir el sol tras un monte, ver como se iluminaba el campo casi de repente, y se levantaban los olores conforme se iba calentando el suelo, oír y ver pájaros que no conocíamos, las esquilas del ganado a lo lejos…

Paseando por la dehesa, entre encinas, alcornoques, quejigos y algún que otro acebuche, iba recordando aquellos momentos y, sobre todo, aquellas sensaciones.

Toros

Toros miŕandome (foto hecha con el móvil)

Tuve la suerte de ver un pájaro carpintero, con su penacho de colores, en el camino. Paré el coche, me miró y voló hacia un árbol cercano. Bajo él, unas vacas bravas con sus becerros me miraban a su vez. Seguí el camino, muy despacio, con las ventanas bajadas y con la radio apagada, pensando en lo que había cambiado todo: la carretera que recuerdo tenía diez mil curvas, apenas el ancho de dos coches, sin arcenes, casi sin asfalto, con subidas y bajadas continuas que hacían que el desayuno, generoso y pesado de manteca de zurrapa, quisiese salir a integrarse con la naturaleza. Ahora es una carretera nueva, con arcenes bien delimitados, casi sin curvas ni cambios de rasante, mucho más segura, pero sin encanto. ¡Qué vamos a hacerle!

Yo también he cambiado: ya no me mareo en el coche (ahora conduzco yo), no tengo diez años ni correteo buscando alacranes, y me gustaría ser como mi padre, y poder llevar a mi hijo a correr por la Sierra, cada vez más lejana.